No eres contradictoria: estás formada por diferentes partes

¿Alguna vez has sentido que una parte de ti quiere algo… y otra completamente diferente quiere lo contrario?

Una parte quiere avanzar, cambiar, tomar decisiones.
Y otra parte se bloquea, duda o necesita quedarse donde está.

Muchas veces interpretamos esto como incoherencia, debilidad o falta de claridad.
Pero, en realidad, no tiene que ver con ser contradictoria.

Tiene que ver con que dentro de ti conviven diferentes partes.

No hay una sola voz dentro de ti

Nuestra experiencia interna no es uniforme.
Está formada por distintas partes que se han ido desarrollando a lo largo de nuestra vida.

Cada una de ellas cumple una función.

Hay partes que

  • impulsan el cambio
  • buscan protección
  • evitan el dolor
  • intentan mantener el control
  • o simplemente necesitan parar

Y aunque a veces parezcan estar en conflicto, todas tienen algo en común:
intentan ayudarte, de la mejor forma que saben.

¿Por qué aparecen estos conflictos?

Porque esas partes no han vivido lo mismo.

Algunas se desarrollaron en momentos en los que necesitabas protegerte.
Otras, cuando empezabas a abrirte o a confiar.

Por eso, cuando hoy te enfrentas a una situación, pueden activarse varias a la vez, cada una con una intención diferente.

El conflicto no es un error. Es el intento de salvarte o protegerte que realiza esa parte.

El problema no es que existan partes, sino cómo nos relacionamos con ellas

Muchas veces intentamos silenciar lo que sentimos: “no debería estar así”, “esto tengo que quitármelo”,“no quiero sentir esto”.

Pero cuanto más luchamos contra una parte, más tiende a intensificarse.

No porque esté “mal”, sino porque su función es proteger algo importante para ti.

Otra forma de mirarlo

En lugar de intentar eliminar esas partes, podemos empezar a escucharlas.

Podemos preguntarnos:
¿qué está intentando hacer por mí esta parte?
¿qué necesita?
¿de qué me está protegiendo?

Cuando cambiamos la relación con lo que sentimos, el conflicto interno empieza a transformarse.
Cuando esas partes, lejos de ser juzgadas, pueden ser vistas con curiosidad, y es entonces cuando empiezan a actualizarse y a comprender que ya no necesitan protegerte, que el escenario ya no es el mismo que viviste cuando necesitaron aparecer en tu vida; que ya estás a salvo.

Integrar en lugar de luchar

El trabajo terapéutico no consiste en hacer desaparecer partes de ti, sino en comprenderlas e integrarlas para relacionarte de otro modo con ellas y que puedan actualizarse y comprender que ya no son necesarias.

Porque no se trata de elegir entre una u otra,
sino de poder darles un lugar sin que tengan que imponerse.

Y desde ahí, empezar a tomar decisiones más conscientes y más coherentes contigo.

Porque, en el fondo, no hay nada roto en ti.
Solo hay partes que necesitan ser entendidas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *